La tristeza se instala sin pedir permiso. Permanece, endurece el corazón, el rostro y la mirada.
Espera, paciente, que los sueños mueran, que nadie te rescate de su lecho cruel.
Luego, cuando la lucha acaba y no queda nada, te toma en sus brazos y comparte tu soledad y tus lágrimas, feliz de haberle ganado a su enemiga eterna, una nueva batalla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario