martes, 8 de julio de 2014

Para vos...

Busco entre mis recuerdos el día que te conocí, estabas ahí parado como si nada pasara alrededor tuyo. Te miré con timidez, me devolviste la mirada, y seguiste con tus tareas.
            Así empezó el juego de conocernos, los encuentros se fueron sucediendo, espontáneos, incoherentes, a veces sin razón alguna que los provocara. Pero ahí estábamos conversando de cualquier cosa que sirviera de excusa válida para mantener un contacto breve, aunque sea un minuto.
            La necesidad de estar juntos creció, no pensamos mucho al coordinar la primera cita, ya no queríamos quedar librados a la posibilidad de que el azar fuera el único que nos juntara; ambos queríamos que esto fuera intencional, buscado, acordado.
            La primera cita nos encontró en un café, en Vicente López, toda una odisea  llegar desde la capital hasta allí, a un lugar dónde nunca habías estado.
            Nos sentamos, me regalaste imprevistamente una rosa, la mujer que vendía las flores pasó desapercibida para mí, pero no para vos que con un gesto inolvidable apareciste con la flor en la mano, con la ternura de un niño, con la decisión de un hombre que quiere conquistar el amor.
            Charlamos sobre cosas que no importaban mucho, fue como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante, en ese lugar, en esa flor.
            Salimos después de un rato, y como ya era tarde, decidimos separarnos, me acompañaste, solamente tomaste mi mano, tímidamente, con cuidado. Un beso en la mejilla fue nuestra despedida, hasta el otro día, hasta muchos otros días.
            Nuestra historia fue creciendo, el tiempo fue uniendo nuestras vidas.
            Éramos jóvenes, atrevidamente jóvenes y nos proponíamos ser felices. Lo fuimos, lo somos, lo seremos. Nunca dejamos de soñar, a pesar de que la vida nos regaló muchas tristezas, momentos duros, como a todos. Pero los buenos tiempos le ganaron a los malos, supimos salir adelante.
            Formamos una familia. Dos hijos llegaron a nuestra historia y fueron los que sellaron de alguna manera nuestro gran amor. Hoy ya adultos, nos demuestran día a día que la tarea emprendida aquel día, ya hace mucho tiempo, ha tenido resultados increíbles.

            La historia sigue abierta, los hechos siguen sucediendo, el tiempo sigue surcando nuestro destino, los sueños siguen latiendo en nuestros corazones y sobre todo nos seguimos amando, como antes, como siempre, para siempre. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario